La soberbia es el valor antidemocrático por
excelencia. Los griegos ya condenaban a los soberbios al ostracismo, por romper
la cohesión y el equilibrio social. Por antonomasia, el soberbio es
desconsiderado e irrespetuoso. Lo malo no es la opinión de sí mismos, lo
inaceptable es la opinión que tienen de los demás. Es por ello que sólo se
lideran a sí mismos, y a los que comparten “enemigos”. La oratoria de atraer, y
hacer propias las decisiones de los demás.
J.J.
Rousseau (El contrato social) definía la oclocracia en la degeneración de
la Democracia. El
origen de esta degeneración es la desnaturalización de la voluntad general, que
deja de ser general tan pronto como comienza a presentar vicios en sí misma,
encarnando los intereses de algunos y no los de la población en general,
pudiendo tratarse ésta, en última instancia, de una voluntad de todos o
voluntad de la mayoría, pero no en la voluntad general. El populismo y la
demagogia van de la mano para perpetuizarse en el poder.
Ser
tránsfuga en el siglo XXI puede dar para mucho. Lo malo es cuando el supuesto
tránsfuga lo hace por aquello que cree justo, entonces se convierte en una
termita social: molesta a los que tienen miedo. Sí, miedo. Miedo a perder
poder. Miedo a perder en el reparto de la tarta. Miedo a muchas cosas que se
pueden cuantificar. A lo que no se teme es a perder lo realmente importante,
todo aquello que no se puede cuantificar: AMOR, AMISTAD y tantas otras cosas
que no se compran ni se venden. Mi dignidad no se puede justificar con la
crítica a la acción de otro. Lo que sí me dignifica es que siempre procuro que
mi trato con la gente sea desde el respeto.
Mi
amigo, al que hasta ayer consideré mi hermano mayor, me hizo reflexionar... Y
tal como dijo haber oído hace unas semanas de boca de otra persona y cultura:
“En mi país se valora a la gente por lo que hace mientras que aquí se valora a
las personas por lo que tienen”. Cuando ejerces autoridad sin amor, te hace
tirana; política sin amor te hace egoísta; la inteligencia sin amor, perversa;
la diplomacia sin amor, hipócrita; y disfrutar del éxito te convierte en
arrogante.
Nada
tenía, nada tengo. Sólo el deseo de que al final de este recorrido alguien sin
vicios me sonría y me diga: “Yo también hubiera hecho lo mismo”.
No sé en
qué acabará esta cruzada. Tal vez acabe luchando contra molinos de viento y
después, como cualquier termita social, acabe machacado en la cuneta. Pero sé
que mi familia y amigos, aquellos que me han dado su cariño y ánimo durante
todos estos meses, aún sabiendo que al final no habrá nada que repartir, salvo
algún abrazo, algún hombro en el que apoyarse y mucho calor humano, seguirán
ahí. Y eso es lo único realmente importante.
Decir la
verdad, la verdad de lo que uno piensa, debería ser norma de conducta, aunque
incomode a mucha gente. Lo cierto es que todos somos responsables de lo que
hacemos y decimos. Sólo el tiempo es el juez supremo que nos coloca a cada uno
en su sitio. El socialismo del siglo XXI será el del RESPETO. Respeto a los ciudadan@s,
las culturas, el medio ambiente, nuestro entorno, nuestr@s compañer@s, …
¡La
revolución ha estallado!.
Juan
Collado Fuentes
Concejal
del Ayuntamiento de Dénia