Lunes 08 de Septiembre de 2008 15:57
Ser tránsfuga en el siglo XXI Imprimir E-Mail
Escrito por JUAN COLLADO   
29/05/2008 07:30

La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia. Los griegos ya condenaban a los soberbios al ostracismo, por romper la cohesión y el equilibrio social. Por antonomasia, el soberbio es desconsiderado e irrespetuoso. Lo malo no es la opinión de sí mismos, lo inaceptable es la opinión que tienen de los demás. Es por ello que sólo se lideran a sí mismos, y a los que comparten “enemigos”. La oratoria de atraer, y hacer propias las decisiones de los demás.

J.J. Rousseau (El contrato social) definía la oclocracia en la degeneración de la Democracia. El origen de esta degeneración es la desnaturalización de la voluntad general, que deja de ser general tan pronto como comienza a presentar vicios en sí misma, encarnando los intereses de algunos y no los de la población en general, pudiendo tratarse ésta, en última instancia, de una voluntad de todos o voluntad de la mayoría, pero no en la voluntad general. El populismo y la demagogia van de la mano para perpetuizarse en el poder.

Ser tránsfuga en el siglo XXI puede dar para mucho. Lo malo es cuando el supuesto tránsfuga lo hace por aquello que cree justo, entonces se convierte en una termita social: molesta a los que tienen miedo. Sí, miedo. Miedo a perder poder. Miedo a perder en el reparto de la tarta. Miedo a muchas cosas que se pueden cuantificar. A lo que no se teme es a perder lo realmente importante, todo aquello que no se puede cuantificar: AMOR, AMISTAD y tantas otras cosas que no se compran ni se venden. Mi dignidad no se puede justificar con la crítica a la acción de otro. Lo que sí me dignifica es que siempre procuro que mi trato con la gente sea desde el respeto.

Mi amigo, al que hasta ayer consideré mi hermano mayor, me hizo reflexionar... Y tal como dijo haber oído hace unas semanas de boca de otra persona y cultura: “En mi país se valora a la gente por lo que hace mientras que aquí se valora a las personas por lo que tienen”. Cuando ejerces autoridad sin amor, te hace tirana; política sin amor te hace egoísta; la inteligencia sin amor, perversa; la diplomacia sin amor, hipócrita; y disfrutar del éxito te convierte en arrogante.

Nada tenía, nada tengo. Sólo el deseo de que al final de este recorrido alguien sin vicios me sonría y me diga: “Yo también hubiera hecho lo mismo”.

No sé en qué acabará esta cruzada. Tal vez acabe luchando contra molinos de viento y después, como cualquier termita social, acabe machacado en la cuneta. Pero sé que mi familia y amigos, aquellos que me han dado su cariño y ánimo durante todos estos meses, aún sabiendo que al final no habrá nada que repartir, salvo algún abrazo, algún hombro en el que apoyarse y mucho calor humano, seguirán ahí. Y eso es lo único realmente importante.

Decir la verdad, la verdad de lo que uno piensa, debería ser norma de conducta, aunque incomode a mucha gente. Lo cierto es que todos somos responsables de lo que hacemos y decimos. Sólo el tiempo es el juez supremo que nos coloca a cada uno en su sitio. El socialismo del siglo XXI será el del RESPETO. Respeto a los ciudadan@s, las culturas, el medio ambiente, nuestro entorno, nuestr@s compañer@s, …

¡La revolución ha estallado!.
 

Juan Collado Fuentes
Concejal del Ayuntamiento de Dénia

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