Escrito por JULI MARTÍNEZ, Ex-edil de Planeamineto Urbanístico de Dénia
13/07/2008 17:30
El
respeto a la voluntad popular constituye el fundamento inicial del
sistema democrático; aceptar los resultados electorales,
cualesquiera que éstos fuesen y por muy alejados de los
propios que resultasen, supone un mínimo para quien contiende
dentro de este sistema. El respeto de esta volutad de la ciudadanía
en las urnas y la renuncia a la perversión de la misma por
medio de vericuetos que, aunque pudieren resultar conformes a la ley
no lo son si los contemplamos desde la ética, supone el mínimo
exigible para quien contiende, renunciando así a todo
beneficio espúreo.
Resulta
evidente que los acontecimientos que hemos vivido recienemente de
Dénia han discurrido por otos derroteros. El cambio que el
Partido Popular ha liderado en la alcaldía de Dénia
puede que resulte legal, pero se aleja de toda ética e incluso
de la coherencia propia de este partido. Supone una flagrante
transgresión del Pacto Antitransfugismo, que parece sólo
querer aplicarse según beneficie o no las propias siglas -y
aquí el mal es de muchos-, y también desautoriza al
propio líder del partido, Mariano Rajoy, cuando se cansó
de repetir que debiera de ser la lista más votada quien
encabezase el gobierno, tanto municipal como autonómico o
estatal.
En Dénia, el Partido Popular, con el apoyo de los
partidos de la oposición junto con el de Centre Unificat, que
también era parte del gobierno municipal al menos en
apariencia, planifica el asalto al poder-y hasta aquí nada hay
que objetar- contando para estos sus fines con el concurso necesario
de un concejal tránsfuga, un individuo que había
militado en el Partido Socialista Obrero Español hasta apenas
seis meses antes. Pareciera que es en este punto en donde la ética
se rompe y en donde cualquier demócrata aseveraría que
el fin no justifica los medios. Parece obvio que este razonamiento no
es compartido ni por la Sra. Kringe ni por la dirección
provincial y nacional de su partido, el Partido Popular.
Si
la ética democrática desautoriza al Partido Popular, la
práxis cuestiona los procedmientos por los cuales el Partido
Socialista confecciona sus candidaturas. El PSOE colocó en sus
candidaturas al Parlamento de Madrid a dos personajes como Tamayo y
Sáez; la izquierda ganó aquellas elecciones haciendo
público su acuerdo de llegar al poder sumando sus fuerzas,
quien les votó no fue por tanto engañado. Después
ocurrió lo que el votante demócrata mantiene en el
recuerdo con amagura, y hoy el Partido Popular disfruta de la mayoría
en la asamblea regional.
En Dénia el Partido Socialista
revalidó su victoria de 2004 con un impotante aumento de votos
y concejales; el respaldo a un progama que apostaba por el respeto al
territorio, el crecimiento sostenible, la participación
ciudadana, la consecución de terrenos dotacionales, la gestión
democrática del suelo y el aumento de los servicios sociales
encabezado por la entonces alcaldesa Francesca Viciano resultó
incontestable y en consecuencia no se puede afirmar que los votantes
socialistas hayan sido traicionados, como mantienen empecinadamente
el tránsfuga y alguno de sus voceros.
La traición viene
pues del otro lado, de quien interpreta un acta de concejal como si
fuese un título de propiedad individual. Se dice que el
transfuga se lleva la parte alicuota de votos que su presencia en la
candidatura aportó. No parece creíble adentrarse en
este terreno de la especulación; también podríamos
preguntarnos cuánto elector decidió no apoyar al
Partido Socialista en Dénia precisamente en desacuerdo con la
presencia de elementos de tan poca categoría y capacidad. Esta
realidad tiene un responable y bien haría el Partido
Socialista en realizar una seria autocrítica para evitar la
repetición de estos hechos en el futuro.
Finalmente,
estas actuaciones torpedean no ya la ilusión y el respeto
democrático sino especialmente la afección de la
ciudadanía al sistema, empujando hacia la indefectible
deserción del mismo. Cabe plantearse qué sentido tiene
acudir a las urnas y que de éstas surja un mandato claro para
que esta voluntad se subvierta con espúreas maniobras. Visto
lo visto no es extrañar que la derecha de este país
tenga serias objeciones ante una asignatura como Educación
para la Ciudadanía; puestos a ofrecerla es mejor hacerlo en
inglés que así el alumnado la entenderá menos.
Juli
Martínez Torija/Ex-edil de Planeamineto Urbanístico de
Dénia