Escrito por Agustín Villanueva, Profesor de Análisis y Evaluación Política de la UMH
14/04/2008 08:30
Leyendo estos días la sonada
conversión al cristianismo de Magdi Allam, periodistadel Corriere della Sera, de origen egipcio y
musulmán, penséen seguida en la
importancia de la libertad, de la libertad religiosa,el Sacramento del Bautismo, en el propio
periodista Magdi Cristiano, y en Oriana Fallaci.
En
la Declaración Dignitatis
Humanae se manifiesta que los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más
conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de
aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio
criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no
movidos por la coacción. Piden igualmente la delimitación jurídica del poder
público, para que la amplitud de la justa libertad tanto de la persona como de
las asociaciones no se restrinja demasiado.
Esta exigencia de libertad en la sociedad
humana se refiere sobre todo a bienes del espíritu humano, principalmente a
aquellos que pertenecen al libre ejercicio de la religión en la sociedad. La
persona humana tiene derecho a la libertad religiosa, y esta libertad consiste
en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de
individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de
tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su
conciencia, ni se le impida que actúa conforme a ella en privado, sólo o
asociado con otros, dentro de los límites debidos. Este derecho de la persona
humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico
de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.
La
conversión de Madgi CristianoAllam es
un modode expresar la libertad
religiosa. Madgi dice que su conversión al catolicismo es el punto de llegada
gradual y profunda meditación interior, de la cuál no habría podido sustraerse,
dado que desde hace cinco años estaba obligado a llevar una vida blindada a
causa de amenazas y condenas a muerte de los extremistas y de los terroristas
islámicos.¿Por qué el cristiano que se
convierte en musulmán puede manifestar tranquilamente su fe, mientras el
musulmán que se hace cristiano vive el miedo más absoluto? La conversión de un
musulmán a otra religión es considerada por el Islam como una traición a la
comunidad de los verdaderos creyentes.
La
libertad religiosa se concibe como libertad de adherirse a la verdadera
religión, que es el Islam, mientras que el paso a otros credos está
terminantemente prohibido. Aunque la pena derivada de la transgresión de esta
máxima varía según escuelas y tradiciones, la corriente preponderante considera
que la pena que se debe infligir es la muerte. Esta es la interpretación
dominante de los catorce versículos del Corán que sancionan la apostasía, trece
de los cuales hablan de “un castigo muy doloroso en el otro mundo” y solo uno
de ellos menciona “un tormento muy doloroso en este mundo y en el otro”.
Madgi
Cristianose ha preguntado cómo es
posible que alguien como él, que ha luchado con convicción y hasta el cansancio
por un “Islam moderado”, asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera
persona a las denuncias del extremismo y del terrorismo islámico, haya
terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam, basándose en una
legitimación del Corán. Oriana Fallaci en su libro “
La Fuerza de
la Razón” decía que si dices lo
que piensas sobre el Vaticano, sobre
la Iglesia Católica,
sobre los santos no te pasa nada. Pero si haces lo mismo con el Islam, con el
Corán, con Mahoma o con los hijos de Alá, te conviertes en racista y xenófobo y
blasfemo y culpable de discriminación racial.
En la
carta que Madgi Cristiano escribe al director del Corriere della Sera,
manifiesta que si teme por su vida debido a su conversión al cristianismo, y
que sabe muy bien a lo que se expone, pero “me enfrento a ello con la cabeza
alta, con la espalda derecha y con la solidez interior del que tiene la certeza
de la propia fe. Y lo haré aún más después del gesto histórico y valeroso del
Papa, quién desde que conoció mi deseo, enseguida aceptó administrarme él mismo
los sacramentos de la iniciación cristiana” Una vez más Benedicto XVI nos dice
que es necesario vencer el miedo y no tener ningún temor de afirmar la verdad
sobre Jesús, también a los musulmanes.
Creo que
hoy en día todos debemos de ver en el gesto histórico del Papa, y del
testimonio de Madgi Cristiano, “el momento de salir de las tinieblas de las
catacumbas y de afirmar públicamente la voluntad de ser plenamente nosotros
mismos”. Si en Europa, en España más aún, no estamos en condiciones de
garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles
cuando denunciamos la violación de esta libertad en otras partes del mundo?.
Administrar
el bautismo a una persona significa, entre otras cosas, reconocer que ha
escogido la fe cristiana libre y sinceramente, en sus artículo fundamentales,
expresados en la “profesión de fe” Todo creyente tiene la libertad de conservar
sus propias ideas sobre una vastísima gama de cuestiones y problemas, en los
cuales, entre los cristianos hay un legítimo pluralismo. Acoger en
la Iglesia a un nuevo
creyente no significa, evidentemente, asumir todas su ideas y posiciones. En
particular, sobre temas políticos y sociales. Madgi Cristiano tiene el derecho
de expresar sus propias ideas, que siguen siendo personales. Pero en España se
le niega protección aun cuando sobre él pesa una fatwa, condena a muerte.
Agustín Villanueva
Profesor de Análisis y Evaluación
Política de
la UMH