Sábado 17 de Mayo de 2008 20:05
Libertad Religiosa: Conversión Imprimir E-Mail
Escrito por Agustín Villanueva, Profesor de Análisis y Evaluación Política de la UMH   
14/04/2008 08:30

Leyendo estos días la sonada conversión al cristianismo de Magdi Allam, periodista  del Corriere della Sera, de origen egipcio y musulmán, pensé  en seguida en la importancia de la libertad, de la libertad religiosa,  el Sacramento del Bautismo, en el propio periodista Magdi Cristiano, y en Oriana Fallaci.

En la Declaración Dignitatis Humanae se manifiesta que los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción. Piden igualmente la delimitación jurídica del poder público, para que la amplitud de la justa libertad tanto de la persona como de las asociaciones no se restrinja demasiado.

Esta exigencia de libertad en la sociedad humana se refiere sobre todo a bienes del espíritu humano, principalmente a aquellos que pertenecen al libre ejercicio de la religión en la sociedad. La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa, y esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúa conforme a ella en privado, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.

La conversión de Madgi Cristiano  Allam es un modo  de expresar la libertad religiosa. Madgi dice que su conversión al catolicismo es el punto de llegada gradual y profunda meditación interior, de la cuál no habría podido sustraerse, dado que desde hace cinco años estaba obligado a llevar una vida blindada a causa de amenazas y condenas a muerte de los extremistas y de los terroristas islámicos.  ¿Por qué el cristiano que se convierte en musulmán puede manifestar tranquilamente su fe, mientras el musulmán que se hace cristiano vive el miedo más absoluto? La conversión de un musulmán a otra religión es considerada por el Islam como una traición a la comunidad de los verdaderos creyentes.

La libertad religiosa se concibe como libertad de adherirse a la verdadera religión, que es el Islam, mientras que el paso a otros credos está terminantemente prohibido. Aunque la pena derivada de la transgresión de esta máxima varía según escuelas y tradiciones, la corriente preponderante considera que la pena que se debe infligir es la muerte. Esta es la interpretación dominante de los catorce versículos del Corán que sancionan la apostasía, trece de los cuales hablan de “un castigo muy doloroso en el otro mundo” y solo uno de ellos menciona “un tormento muy doloroso en este mundo y en el otro”.

Madgi Cristiano  se ha preguntado cómo es posible que alguien como él, que ha luchado con convicción y hasta el cansancio por un “Islam moderado”, asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona a las denuncias del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam, basándose en una legitimación del Corán. Oriana Fallaci en su libro “ La Fuerza de la Razón” decía que si dices lo que piensas sobre el Vaticano, sobre la Iglesia Católica, sobre los santos no te pasa nada. Pero si haces lo mismo con el Islam, con el Corán, con Mahoma o con los hijos de Alá, te conviertes en racista y xenófobo y blasfemo y culpable de discriminación racial.

En la carta que Madgi Cristiano escribe al director del Corriere della Sera, manifiesta que si teme por su vida debido a su conversión al cristianismo, y que sabe muy bien a lo que se expone, pero “me enfrento a ello con la cabeza alta, con la espalda derecha y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe. Y lo haré aún más después del gesto histórico y valeroso del Papa, quién desde que conoció mi deseo, enseguida aceptó administrarme él mismo los sacramentos de la iniciación cristiana” Una vez más Benedicto XVI nos dice que es necesario vencer el miedo y no tener ningún temor de afirmar la verdad sobre Jesús, también a los musulmanes.

Creo que hoy en día todos debemos de ver en el gesto histórico del Papa, y del testimonio de Madgi Cristiano, “el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y de afirmar públicamente la voluntad de ser plenamente nosotros mismos”. Si en Europa, en España más aún, no estamos en condiciones de garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de esta libertad en otras partes del mundo?.

Administrar el bautismo a una persona significa, entre otras cosas, reconocer que ha escogido la fe cristiana libre y sinceramente, en sus artículo fundamentales, expresados en la “profesión de fe” Todo creyente tiene la libertad de conservar sus propias ideas sobre una vastísima gama de cuestiones y problemas, en los cuales, entre los cristianos hay un legítimo pluralismo. Acoger en la Iglesia a un nuevo creyente no significa, evidentemente, asumir todas su ideas y posiciones. En particular, sobre temas políticos y sociales. Madgi Cristiano tiene el derecho de expresar sus propias ideas, que siguen siendo personales. Pero en España se le niega protección aun cuando sobre él pesa una fatwa, condena a muerte.

Agustín Villanueva
Profesor de Análisis y Evaluación Política de la UMH

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