Escrito por AGUSTÍN VILLANUEVA, Profesor de Análisis y Evaluación Política UMH
11/05/2008 13:00
En su libro “La democracia en América”
Alexisde Tocqueville manifiesta que el
cristianismo, aun cuando exige la obediencia pasiva en materia de dogma, es, no
bastante, de todas las doctrinas religiosas, la más favorable a la libertad,
porque no se dirige nunca más que a la conciencia y al corazón de los que
quiere someter. No hay religión que haya desdeñado tanto el empleo de la fuerza
material como la religión de Jesucristo.
Allí
donde no se honra la violencia, la tiranía no puede ser duradera. Así, el
despotismo no ha podido nunca fundarse entre los cristianos. Ha vivido siempre
al día y en alarma. Cuando decimos que una nación cristiana es esclava es
porque la juzgamos por comparación con un pueblo cristiano. Si la comparamos a
un pueblo infiel, nos parece libre. Y lo mismo sucede con la igualdad El
cristianismo ha conservado un gran imperio sobre el espíritu de los americanos
y no reina solamente como una filosofía que se adopta después de examinarla,
sino como una religión que se cree sin discutirla.
Benedicto
XVI señalaba en su viaje a America que históricamente no solo los católicos
sino todos los creyentes han encontrado la libertad de adorar a Dios según el
dictamen de la conciencia, siendo el templo mismo aceptado como parte de una
confederación en la cual cada individuo y cada grupo puede hacer oír su propia
voz. Ahora que las naciones deben afrontar siempre más complejas cuestiones
políticas y éticas, confía que los americanos podrán encontrar en su creencia
religiosa una fuente preciosa de discernimiento y una inspiración para
perseguir un dialogo razonable, responsable y respetuoso en el esfuerzo para
edificar una sociedad más humana y más libre.
La noción
de “laicidad abierta” es una laicidad que no reduce las cuestiones religiosas a
estar subordinada a los poderes políticos y reivindica el primado ético de la
política en un contexto de libertad que no excluye la dimensión religiosa. En
el pasado no han faltado intelectuales católicos que han escogido lo específico
del experimento estadounidense, su excepcionalidad respecto a las diferentes
formas de secularización que han convulsionado el mundo occidental y que han
acompañado el difícil camino de la modernidad.
La
laicidad americana, como dice Flavio Felice, es la laicidadde la ownership society; una expresión que
recuerda a la máxima de León XII, “no todos proletarios, sino todos
propietarios”, y desarrollada por Juan Pablo II en
la Centesimus annus de
1991 en la que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del
mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para los
medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la
economía. Es la laicidad descrita por Tocqueville y por Sturzo, una laicidad
que es sinónimo de libertad, la libertad de la cual Benedicto XVI da incansable
testimonio, y por supuesto en su visita a Américafue motivo de sus intervenciones.
La
verdad, según el Papa, no es una imposición, tampoco es un mero conjunto de
reglas; es el descubrimiento de Alguien que jamás traiciona, de Alguien del que
siempre podemos fiarnos. La verdad es una persona: Jesucristo. Cuando se da la
espalda a la verdad, ya no hay dignidad alguna que ver en el hombre y la vida pierde
todo valor que la haga digna de ser vivida, al tiempo que la libertad queda
convertida en la caricatura del propio capricho.
El Papa,
le dijo a los jóvenes, que la manipulación de la verdad distorsiona nuestra
percepción de la realidad y enturbia nuestra imaginación y nuestras
aspiraciones, haciendo imposible la libertad. ¿Han notado ustedes, decía el
Papa, que, con frecuencia, se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia
a la verdad de la persona humana? ¿Y qué objeto tiene una libertad que,
ignorando la verdad, persigue la que es falso o injusto? La visión de la
libertad, llevo a Benedicto XVI a impulsar el concepto positivo de laicidad,
que vive en los Estados Unidos, a diferencia de la visión europea. Europa no
puede copiar a EEUU, Europa tiene su historia.
Lo que el
Papa encuentra fascinante de Estados Unidos es que comenzaron con un concepto
positivo de laicidad, porque este nuevo pueblo estaba formado por comunidades y
personas que habían huido de las Iglesias de Estado y querían tener un Estado
laico, secular, que abriera posibilidades a todas las confesiones, para todas
las formas de ejercicio religioso. De esa forma nació un Estado
intencionalmente laico: eran contrarios a una Iglesia de Estado. Pero laico
debía ser el Estado precisamente por amor a la religión en su autenticidad, que
puede vivirse sólo libremente. Y así encontramos este conjunto de unEstado intencional y decididamente laico,
pero precisamente por una voluntad religiosa, para dar autenticidad a la
religión. Existen algunas barreras que impiden el encuentro con Dios: materialismo,
individualismo e incoherencia de vida.
En una
sociedad que da mucho valor a la autonomía, es fácil adoptar una actitud
individualista: la religión no es un asunto privado. La llamada a la coherencia
entre fe y vida fue muy importante en las intervenciones del Papa. Así se hacia
la siguiente pregunta: ¿Es acaso coherente profesar nuestra fe el domingo en el
templo y luego, durante la semana, dedicarse a negocios o promover intervenciones
médicas contrarias a esta fe…, o adoptar posiciones que contradicen el derecho
a la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural? La comunidad católica debe ofrecer un
testimonio claro y unitario, en el que sobre todo es crucial el papel de los
fieles laicos para actuar como levadura en la sociedad.
Agustin Villanueva
Profesor de Análisis y Evaluación Política UMH
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla