Viernes 25 de Julio de 2008 12:26
La laicidad abierta de América Imprimir E-Mail
Escrito por AGUSTÍN VILLANUEVA, Profesor de Análisis y Evaluación Política UMH   
11/05/2008 13:00

En su libro “La democracia en América” Alexis  de Tocqueville manifiesta que el cristianismo, aun cuando exige la obediencia pasiva en materia de dogma, es, no bastante, de todas las doctrinas religiosas, la más favorable a la libertad, porque no se dirige nunca más que a la conciencia y al corazón de los que quiere someter. No hay religión que haya desdeñado tanto el empleo de la fuerza material como la religión de Jesucristo.

Allí donde no se honra la violencia, la tiranía no puede ser duradera. Así, el despotismo no ha podido nunca fundarse entre los cristianos. Ha vivido siempre al día y en alarma. Cuando decimos que una nación cristiana es esclava es porque la juzgamos por comparación con un pueblo cristiano. Si la comparamos a un pueblo infiel, nos parece libre. Y lo mismo sucede con la igualdad El cristianismo ha conservado un gran imperio sobre el espíritu de los americanos y no reina solamente como una filosofía que se adopta después de examinarla, sino como una religión que se cree sin discutirla.

Benedicto XVI señalaba en su viaje a America que históricamente no solo los católicos sino todos los creyentes han encontrado la libertad de adorar a Dios según el dictamen de la conciencia, siendo el templo mismo aceptado como parte de una confederación en la cual cada individuo y cada grupo puede hacer oír su propia voz. Ahora que las naciones deben afrontar siempre más complejas cuestiones políticas y éticas, confía que los americanos podrán encontrar en su creencia religiosa una fuente preciosa de discernimiento y una inspiración para perseguir un dialogo razonable, responsable y respetuoso en el esfuerzo para edificar una sociedad más humana y más libre.

La noción de “laicidad abierta” es una laicidad que no reduce las cuestiones religiosas a estar subordinada a los poderes políticos y reivindica el primado ético de la política en un contexto de libertad que no excluye la dimensión religiosa. En el pasado no han faltado intelectuales católicos que han escogido lo específico del experimento estadounidense, su excepcionalidad respecto a las diferentes formas de secularización que han convulsionado el mundo occidental y que han acompañado el difícil camino de la modernidad.

La laicidad americana, como dice Flavio Felice, es la laicidad  de la ownership society; una expresión que recuerda a la máxima de León XII, “no todos proletarios, sino todos propietarios”, y desarrollada por Juan Pablo II en la Centesimus annus de 1991 en la que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía. Es la laicidad descrita por Tocqueville y por Sturzo, una laicidad que es sinónimo de libertad, la libertad de la cual Benedicto XVI da incansable testimonio, y por supuesto en su visita a América  fue motivo de sus intervenciones.

La verdad, según el Papa, no es una imposición, tampoco es un mero conjunto de reglas; es el descubrimiento de Alguien que jamás traiciona, de Alguien del que siempre podemos fiarnos. La verdad es una persona: Jesucristo. Cuando se da la espalda a la verdad, ya no hay dignidad alguna que ver en el hombre y la vida pierde todo valor que la haga digna de ser vivida, al tiempo que la libertad queda convertida en la caricatura del propio capricho.

El Papa, le dijo a los jóvenes, que la manipulación de la verdad distorsiona nuestra percepción de la realidad y enturbia nuestra imaginación y nuestras aspiraciones, haciendo imposible la libertad. ¿Han notado ustedes, decía el Papa, que, con frecuencia, se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia a la verdad de la persona humana? ¿Y qué objeto tiene una libertad que, ignorando la verdad, persigue la que es falso o injusto? La visión de la libertad, llevo a Benedicto XVI a impulsar el concepto positivo de laicidad, que vive en los Estados Unidos, a diferencia de la visión europea. Europa no puede copiar a EEUU, Europa tiene su historia. 

Lo que el Papa encuentra fascinante de Estados Unidos es que comenzaron con un concepto positivo de laicidad, porque este nuevo pueblo estaba formado por comunidades y personas que habían huido de las Iglesias de Estado y querían tener un Estado laico, secular, que abriera posibilidades a todas las confesiones, para todas las formas de ejercicio religioso. De esa forma nació un Estado intencionalmente laico: eran contrarios a una Iglesia de Estado. Pero laico debía ser el Estado precisamente por amor a la religión en su autenticidad, que puede vivirse sólo libremente. Y así encontramos este conjunto de un  Estado intencional y decididamente laico, pero precisamente por una voluntad religiosa, para dar autenticidad a la religión. Existen algunas barreras que impiden el encuentro con Dios: materialismo, individualismo e incoherencia de vida. 

En una sociedad que da mucho valor a la autonomía, es fácil adoptar una actitud individualista: la religión no es un asunto privado. La llamada a la coherencia entre fe y vida fue muy importante en las intervenciones del Papa. Así se hacia la siguiente pregunta: ¿Es acaso coherente profesar nuestra fe el domingo en el templo y luego, durante la semana, dedicarse a negocios o promover intervenciones médicas contrarias a esta fe…, o adoptar posiciones que contradicen el derecho a la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural?  La comunidad católica debe ofrecer un testimonio claro y unitario, en el que sobre todo es crucial el papel de los fieles laicos para actuar como levadura en la sociedad.
 

Agustin Villanueva
Profesor de Análisis y Evaluación Política UMH
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