Escrito por Agustín Villanueva Pazos, Profesor de Análisis y Evaluación Política y de Opinión Pública de la UMH
16/04/2008 08:00
Aquellos
que se niegan a emprender nada por falta de garantías de que las cosas irán
como ellos han decidido previamente se condenan al inmovilismo. Nadie puede
decidir hoy la forma de
la Europa
en que viviremos mañana, pues el cambio que nacerá del cambio es imprevisible.
Jean Monnet.
En el
panteón de la mitología griega, Europa era una princesa, hija de un rey
fenicio. Un día, mientras ella y sus amigas jugueteaban en la playa, Zeus la
vio y se enamoró inmediatamente de ella; para conseguir seducirla, Zeus tomó la
forma de un toro amable y pacífico. Europa, confiada, comenzó a acariciarle y
se sentó sobre su lomo. Era el momento que Zeus estaba esperando, de repente se
levantó y galopó hacia el mar, llevando consigo a Europa. El toro no paró de
nadar hasta llegar a Creta. Una vez en la isla, Zeus asumió de nuevo forma
humana y tuvo tres hijos con Europa, uno de ellos Minos, rey de Creta y “dux
Europaeus”.
Europa da
la impresión en la actualidad de que estuviera perdiendo de hecho la confianza
en su porvenir. Corría el año 1959 cuando un grupo de amigos, aprovechando las
vacaciones de verano, nos reuníamos un día a la semana con el objeto de tener
una tertulia en las que nos planteábamos temas de actualidad que podían
interesar a todos los participantes en la mencionada tertulia. El pueblo era Marín
y el lugar “El Merendero”, el grupo era
muy variado: futuros marinos, futuros abogados, futuros médicos y futuros….
nada.
Cuando me toco hablar a mi, prepare dos cuartillas sobre “El futuro de
Europa y el Tratado de Roma”; creo que era la primera vez (ya estaba en segundo
de carrera, Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales) que escribía algo.
Bueno una vez un “cura” (estudie en un colegio católico y me siento muy feliz
de ello, Colegio San Narciso), Padre Lopez, nos pidió que escribiéramos algo
sobre
la Semana Santa;
creyendo que el “cura” no sabia mucho, le presente un escrito de Lopez de Vega,
pero eso si, firmado por mi. El resultado fue nefasto, de entrada me dijo que
desde cuando había cambiado el nombre, y de salida un cero (mala suerte no ser
ahora, tendría un uno, todo cambia para… mal).
En 1948
en un Congreso organizadoen
La Haya por el movimiento
Europeo, Salvador de Madariaga se expresaba así : Ante todo amemos a Europa,
nuestra Europa sonora de las carcajadas de Rabelais, luminosa de la sonrisa de
Erasmo, chispeante del ingenio de Voltaire, en cuyos cielos mentales brillan
los ojos fogosos de Dante, los ojos atormentados de Dostoivski, los claros ojos
de Shakespeare, los ojos serenos de Goethe; esta Europa a la que siempre sonríe
la Gioconda
y en la que Moisés y David surgen a la vida perenne del mármol de Miguel Ángel;
donde Don Juan ansía hallar en las mujeres que topa la mujer que nunca
encuentra, y Don Quijote, lanza en ristre, galopa para obligar a la realidad
alzarse sobre si misma, ….. Esta Europa tiene que nacer, y nacerá cuando los
españoles digan “nuestro Chartres”, y los ingleses “nuestra Cracovia”, y los
italianos “nuestra Copenhague”; y cuando los alemanes digan “nuestra Brujas” y
retrocedan de horror a la mera idea de ponersobre ella manos asesinas. Entonces Europa vivirá, porque entonces, el
Espíritu que guía
la Historia
habrá pronunciado las palabras creadoras: Fiat Europa.
Con la
firma del Tratado de Roma el 25 de marzo de 1957 se firmarondos tratados que daban existencia a
la Comunidad Económica
Europea (CEE) y a
la
Comunidad de
la Energía
Atómica (EURATOM), surgen personajes claves para Europa como
Adenauer, Jean Monnet, Henri Spaak, De Gasperi y Robert Schuman. Los seis
países firmantesdel histórico acuerdo
fueron Christian Pineau por Francia, Joseph Luns por los Paises Bajos, Paul
Henri Spaak por Bélgica, Joseph Bech por Luxemburo, Antonio Segni por Italia y
Honrad Adenauerpor
la República Federal
de Alemania, se comprometen a una unión sin fisuras entre europeos, a una
futura unión donde bienes y ciudadanos circularan libremente. Antes del Tratado
de Roma, los seis debatieron si impulsar primero la integración política o la
económica y, al final, se impuso el criterio de Jean Monnet que predecía una
unión mercantil, como preámbulo al resto. En el acto de la firma de Roma, su
alcalde Tupini vaticinaba un siglo de unión en paz, libertad y prosperidad. Cincuenta
años después, se cumplió el pronóstico de Tupini. El Tratado afirmaba en su
preámbulo que los estados miembros estaban “determinados a establecer los
fundamentos de una unión sin fisuras más estrecha entre los países europeos”.
El
principal problema político con el que arrancó el Mercado Común fue el que un
país el Reino Unido se mantuviera al margen; los británicos se negaron a
ingresar por diversas razones: a) La importancia de sus lazos comerciales,
políticos e incluso sentimentales con sus colonias agrupadas en su mayoría en
la Conmmonwealth. b)
Su negativa a ingresar en una unión aduanera, Londres defendía la creación de
una zona de libre cambio, en los que se aboliera los derechos de aduanas
internos pero en la que cada país tuviera libertad para poner sus propios
aranceles con respecto a países terceros. c) La nula voluntad británica de
embarcarse en un proyecto en el que a largo plazo se planteaba la cesión de
soberanía de cada estado en beneficio de instituciones supranacionales
europeas. Los británicos, por tanto, propiciaron la creación de una Asociación
Europea de libre comercio (EFTA) con Suecia, Suiza, Noruega, Dinamarca, Austria
y Portugal.
La EFTA
era una mera zona de libre comercio, esencialmente de productos industriales, y
no recogía ningún tipo de arancel común. Los británicos se dieron cuenta de su
error, sobre todo ante un crecimiento económico espectacular de
la CEE, con tasas de crecimiento
en los años 60 superiores a los norteamericanos. Así, en agosto de 1961
solicitó negociaciones para el ingreso en
la CEE, pero Francia, Charles DeGaulle, vetó en 1963
el ingreso británico en
la CEE;
lo mismo ocurrió en 1967, el general francés volvió a vetar la adhesión del
reino Unido. Se ha tenido que esperar a la dimisión de DeGaulle en 1969 para se
abriera la puerta para la adhesión británica. Fue en 1972, y venciendo la
oposición de la opinión pública británica contrarias a la entrada en
la CEE y muy antieuropea, cuando
se terminaron la negociaciones.
La actual
Unión Europea es el resultado de la unión de tres Comunidades Económicas que se
fusionaronel 1 de julio de 1967. La
primera es
la CECA
o Comunidad Europea del Carbón y del Acero que se había constituido el 18 de
abril de 1951; la segunda se firmó el Tratado de Roma en la que se constituía
la Comunidad Económica
Europea y
la CEEAo EURATOM (Comunidad Europea de
la Energía Atómica). La definición
propia de
la Unión Europea
es la de un conjunto de organizaciones creadas entre los países de
la Europa Occidental con el fin de
articular mecanismos de cooperación económica, política y social que llevan a
una progresiva integración de estos países.
Jean
Monnet , ante la necesidad de seguir avanzando en el camino de la unidad ,decía
en los años setenta: ¿Adónde nos lleva esta necesidad, hacía que tipo de
Europa? No sabría decirlo, pues es imposible imaginar hoy las decisiones que se
podrán tomar en el contexto del mañana. Lo esencial es atenerse a unos cuantos
puntos fijos que nos han guiado desde el primer día: crear progresivamente
entre los hombres de Europa el más vasto interés común, gestionado por
instituciones comunes y democráticas, en las que se delegue la necesaria
soberanía. Esta es la dinámica que no ha cesado de funcionar, rompiendo
prejuicios, borrando fronteras, ampliando en pocos años a todo un continente el
proceso que a lo largo de los siglos había formado nuestros propios países.
La unidad
de Europa se basa, en principio, en valores comunes: libertad, democracia,
Estado de derecho, respeto a los derechos humanos e igualdad. Hemos pasado
cincuenta años sin guerras entre los países que ahora constituyen
la UE, yes algo sin precedentes en la historia. Los
que fundaron
la UE
a pesar de tener una gran visión no podían imaginar siquiera cómo serían Europa
y el mundo 50 años más tarde; pero también podemos decir que es difícil
predecir lo que nos depararán los próximos 50 años, aun cuando podemos afirmar
que Europa esta bastante parada. ¿Hacia dónde va Europa? ¿Qué Europa queremos? ¿Debe
seguir siendo
la Europa
unida una zona más favorable al libre comercio, o debe convertirse también en
un agente capaz de actuar políticamente hacia el exterior? ¿Podrán seguir
existiendo la cultura y la civilización europea sin la religión? ¿Qué es lo
esta realmente pasando en Europa? ¿No tendría Europa reflexionar sobre lo que
esta vivo y lo que está muerto de su cultura?
Como
señala Habermas en su libro” El Occidente escindido”, los problemas que hoy
deben resolverse son de naturaleza genuinamente política: a) los actuales desafíos
de la ampliación hacia el Este; b) las consecuencias políticas de la
integración económica ya consumada, especialmente para los países de la zona
euro; y c) los cambios de la situación mundial.
Europa
parece haberse quedado vacía por dentro, paralizada en cierto sentido por una
crisis de su sistema circulatorio, una crisis que pone en peligro su vida, que
se ha confiado a trasplantes, que cancelan su identidad. A esta decadencia
interior de las fuerzas, también espirituales, se añade una creciente
decadencia ética. La crisis de Europa es la crisis de la democracia en Europa.
Robert Schuman afirmo que la democracia sería cristiana o no sería. A estas
alturas, véase el documento firmado recientemente en Berlín, es evidente que la
democracia europea ha rechazado el cristianismo o que el cristianismo no ha
sabido encauzar la democracia: ni cristianismo ni democracia.
Europa no puede
olvidar los propios valores que hay que proteger y promover; la laicidad de los
estados y religiosidad de los pueblos son elementos principales que se integran
entre sí y ciertamente no se contradicen. El gran problema, como señala
Dalmacio Negro, es la desmoralización de Europa, cuyas causas internas son
muchas; entre ellas las que conciernen directamente al estado de la religión,
estrechamente relacionado con lascreencias e ideas que sustentan el êthos europeo, si aún existe.
Agustín
Villanueva
Profesor de Economía Aplicada de
la UMH